15 Jun 2009 - 08:44:38
Un novillero cordobés conquista la MaestranzaEl novillero cordobés Ignacio González ha dejado un gratísimo sabor de boca en su presentación en Sevilla y, de no fallar con la espada, pudo haber redondeado un triunfo más rotundo aún que el de la oreja que paseó en el quinto.
Ignacio se fue a los medios a recibir al segundo, -un astado que enseñaba mucho las puntas- por tafalleras pero aquello resultó desangelado. Tras salir del caballo, al que acudió pronto y bravo, se lo llevó por delante en un revolcón sin consecuencias. Se destapó el cordobés en su presentación en Sevilla, ante un novillo muy encastado y exigente, de esos que te mandan para casa, pero con el que estuvo francamente bien y en torero.
Realizó una faena variada por ambos pitones llena de calidad, emoción y mando, siempre con la muleta abajo. Sus muletazos con la diestra fueron largos, ligados y se sucedían como un carrusel para regusto de todos y con la izquierda la profundidad, la hondura y mucho temple. Se presagiaba un triunfo gordo, pero por culpa de los reiterados pinchazos se le escapó todo. Es cierto que hubo algún enganchón, pero también es cierto que se jugó la vida en novillero ante un oponente que se le debió dar la vuelta al ruedo, tal y como pidió La Maestranza. Además, González, demostró vergüenza torera al negarse a dar la vuelta al ruedo con los ojos llenos de lágrimas.
Con el quinto hubo compás a la verónica al recibirlo en el tercio y con la muleta mucha firmeza en los medios. Ignacio se fajó con su oponente, asentó las zapatillas en el albero y desglosó una faena improvisada en la que aguantó con gran valor parones debajo de la taleguilla. Se cruzó al otro pitón, se lo pasó muy cerca y su toreo tuvo mucha verdad. Naturales que fueron un calco de su primero, con una hondura inusual para tan poco bagaje.
Demostración de ansias de triunfo incluso para matar con el pecho a otro encastado, pero con menos clase, de César Rincón que le dio un fuerte revolcón. La pena que si mata al anterior hubiera atravesado La Puerta del Príncipe. www.burladero.com
Ignacio se fue a los medios a recibir al segundo, -un astado que enseñaba mucho las puntas- por tafalleras pero aquello resultó desangelado. Tras salir del caballo, al que acudió pronto y bravo, se lo llevó por delante en un revolcón sin consecuencias. Se destapó el cordobés en su presentación en Sevilla, ante un novillo muy encastado y exigente, de esos que te mandan para casa, pero con el que estuvo francamente bien y en torero.
Realizó una faena variada por ambos pitones llena de calidad, emoción y mando, siempre con la muleta abajo. Sus muletazos con la diestra fueron largos, ligados y se sucedían como un carrusel para regusto de todos y con la izquierda la profundidad, la hondura y mucho temple. Se presagiaba un triunfo gordo, pero por culpa de los reiterados pinchazos se le escapó todo. Es cierto que hubo algún enganchón, pero también es cierto que se jugó la vida en novillero ante un oponente que se le debió dar la vuelta al ruedo, tal y como pidió La Maestranza. Además, González, demostró vergüenza torera al negarse a dar la vuelta al ruedo con los ojos llenos de lágrimas.
Con el quinto hubo compás a la verónica al recibirlo en el tercio y con la muleta mucha firmeza en los medios. Ignacio se fajó con su oponente, asentó las zapatillas en el albero y desglosó una faena improvisada en la que aguantó con gran valor parones debajo de la taleguilla. Se cruzó al otro pitón, se lo pasó muy cerca y su toreo tuvo mucha verdad. Naturales que fueron un calco de su primero, con una hondura inusual para tan poco bagaje.
Demostración de ansias de triunfo incluso para matar con el pecho a otro encastado, pero con menos clase, de César Rincón que le dio un fuerte revolcón. La pena que si mata al anterior hubiera atravesado La Puerta del Príncipe. www.burladero.com
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